La Coctelera

Categoría: Testimonios/Entrevistas

Beneficios de amamantar Testimonios/Entrevistas

La lactancia materna, por el doctor Carlos González

[ Vía: Save the Children ]

Foto del pediatra Carlos GonzálezLa lactancia materna es fundamental en cualquier plan de salud materno-infantil. Disminuye el riesgo de diarrea, infecciones respiratorias, otitis, meningitis por Haemophilus y otras muchas infecciones, así como de diabetes, muerte súbita del lactante, obesidad y otros problemas de salud. En la madre, la lactancia se asocia con un menor riesgo de cáncer de mama y de ovario, y a largo plazo con una disminución de las fracturas por osteoporosis; al retrasar la reaparición de la menstruación ayuda a ahorrar hierro y a evitar la anemia, y produce de forma natural un espaciamiento de los embarazos que mejora la salud y alivia la carga de trabajo de la madre al tiempo que facilita la supervivencia de sus hijos. UNICEF calcula que, en estos momentos, la lactancia está salvando cada año seis millones de vidas, y que podría salvar al menos un millón más si se generalizase la lactancia materna hasta al menos los dos años (complementada con otros alimentos a partir de los seis meses).

Sin embargo, las mujeres han dado el pecho durante millones de años sin conocer todas estas “ventajas”. Y ha sido precisamente en el siglo en que se han descubierto dichas ventajas, y en los países donde se han descubierto, donde la lactancia artificial se ha extendido hasta relegar, hace unas décadas, a la lactancia materna a un situación casi anecdótica de la que por fortuna ya se está recuperando.

Debemos huir de la postura reduccionista que ve la lactancia como una herramienta de salud, como “el mejor alimento y la medicina ideal”, postura que a veces conduce a promover la lactancia como un deber (peor aún: un “sagrado deber”) de la madre. La lactancia materna es algo mucho más importante, mucho más profundo y mucho más poderoso que un alimento o una medicina.

Los argumentos médicos son los únicos, por ejemplo, en el caso de las vacunas. Las usamos única y exclusivamente porque protegen contra las enfermedades; ése es el motivo por el que las recomiendan los profesionales, las distribuyen los gobiernos y las administran los padres. Nadie usaría una vacuna si no creyese que protege contra una enfermedad.

Pero la lactancia materna es mucho más. Es lo que madre e hijo están instintivamente preparados para hacer. Basta con dejar al recién nacido sobre el cuerpo de su madre, en contacto piel con piel, durante un par de horas, y casi todos se arrastran espontáneamente hacia el pecho y se ponen a mamar. La lactancia es una demostración física de afecto, como los besos o las caricias; es contacto contra la soledad, consuelo ante la pena, un momento de calma en la vorágine del día. Es el orgullo de sentirse única, irreemplazable, plena, triunfante sobre los obstáculos, adorada por tu hijo. Dar el pecho no es uno de los sacrificios que hacemos para prolongar la vida, sino uno de los motivos por los que queremos vivir. No es un medio para lograr un objetivo, sino un fin en sí mismo.

Hemos de reconocer que los argumentos que mueven a un médico o a un planificador sanitario a recomendar la lactancia no son los mismos que mueven a una madre a dar el pecho. La mayoría de las madres que amamantan lo hacen sin haber recibido ningún consejo de su médico. O incluso, tristemente, en contra de los consejos de su médico. Las rutinas hospitalarias obsoletas, la separación después del parto, el uso innecesario de suplementos, los absurdos horarios que limitaban la frecuencia y duración de las tomas, la obsesión de que todos los niños engorden por encima de la media (una imposibilidad matemática) y la falta de preparación de muchos profesionales para ayudar a solventar las dificultades de la lactancia (grietas, infecciones, escaso aumento de peso...) han hecho que muchas madres se pierdan esta importante etapa de sus vidas. Errores que han tenido consecuencias aún más graves al trasladarse las prácticas occidentales a los países en desarrollo.

La recuperación de la lactancia materna no pasa por convencer a las madres de sus ventajas, sino por cambiar las prácticas hospitalarias, mejorar la formación de los profesionales, ofrecer información práctica, fomentar los grupos de ayuda mutua, impedir la publicidad engañosa de la industria y alargar el permiso de maternidad y otros derechos de la mujer que trabaja fuera de casa.

Testimonios/Entrevistas

Lactancia materna en Mongolia

[ Texto de Ruth Kamnitzer traducido por Ana Isabel Chinchilla. Vía: Mimos y Teta. Artículo publicado originalmente en www.drmomma.org ]

Foto de Ruth Kamnitzer, autora del artículo, dando de mamar a su hijo en MongoliaHay en Mongolia un dicho muy utilizado que afirma que los mejores boxeadores toman leche materna durante al menos seis años, afirmación muy seria para un país en el que el boxeo es el deporte nacional. Me trasladé a Mongolia cuando mi primer hijo tenía cuatro meses y viví allí hasta que cumplió tres años.

Criar a mi hijo en aquellos primeros años en un lugar donde la actitud hacia la lactancia materna es tan radicalmente diferente de las costumbres que prevalecen en Norteamérica me abrió los ojos a una visión completamente diferente de cómo podría ser todo. Los mongoles no solamente prolongan la lactancia materna, sino que además lo hacen con más entusiasmo y menos inhibiciones que casi nadie de los que había conocido hasta entonces. En Mongolia, la leche materna no es sólo para bebés; no se trata sólo de nutrición y definitivamente no es un tema sobre el que se imponga la discreción. Es la madera de la que estaba hecho Genghis Khan.

Al igual que muchas madres primerizas, no había pensado demasiado sobre la lactancia antes de tener a mi bebé, pero minutos después de que mi hijo Calum saliera, se agarró a la teta y durantelos siguientes cuatro años no parecía nada dispuesto a soltarse. Tuve suerte, porque en muchos aspectos la lactancia nos resultó sencilla: ninguna grieta en el pezón, rara vez un pecho ingurgitado. Mentalmente las cosas no eran tan sencillas: a pesar de lo mucho que amaba a mi bebé y disfrutaba del vínculo que nos ofrecía la lactancia, en ocasiones resultaba insoportable. No estaba preparada para la magnitud de mi amor por él ni para la intensidad de su necesidad de mí en exclusiva y de mi leche. “No le permitas que te convierta en un chupete humano”, me advirtió una enfermera canadiense pocos días después del nacimiento de Calum, que mamaba a todas horas, pero yo repasaba todos los posibles motivos de su llanto (¿gases?, ¿pañal? ¿infraestimulación? ¿sobreeestimulación?) y por lo general acababa dándole teta de nuevo. Me preguntaba si hacía bien.

Un padre mongol sostiene a su bebé, que está envuelto en mantas formando como un capullo de mariposaEntonces me trasladé de Canadá a Mongolia, donde mi marido llevaba a cabo unos estudios sobre vida salvaje. Allí los bebés están siempre envueltos en varias capas de gruesas mantas, atados con cuerda como un paquete que no quieres que se rompa en el correo. Cuando un paquete murmura, se le pone un pezón en la boca. No se les cambia muy a menudo y nunca se les hace eructar. No hay ni siquiera una manos en las que poner un sonajero. Por supuesto, no hay ratitos boca abajo. Los niños permanecen envueltos hasta al menos los tres meses, y cada vez que emiten un sonido, se les da de mamar.

Esto resultaba interesante. A los tres meses, los bebés canadienses ya tienen actividades sociales, incluso natación. Algunos aprenden a “calmarse solos”. Yo daba por sentado que había muchos motivos por los que un bebé podía llorar y que era mi trabajo averiguar la razón y darle la solución adecuada. Pero en Mongolia, aunque los bebés puedan llorar por muchos motivos, sólo hay una solución: leche materna. Dejé de darle vueltas e hice lo mismo.

En Canadá la lactancia materna aún está rodeada de cierto misticismo, pero en realidad no estamos demasiado acostumbrados a ella. La lactancia se realiza en casa, en grupos de lactancia, quizá en alguna cafetería: rara vez se ve en público y desde luego nosotros mismos no tenemos recuerdos conscientes de haber sido alimentados con pecho. A esta íntima actividad entre madre e hijo se la trata con secretismo y educadas miradas hacia otro lado, y se considera casi igual que las demostraciones públicas de intimidad en una pareja: no es tabú, pero sí que causan ligera incomodidad y son educadamente ignoradas. Cuando el silencioso y angelical recién nacido se convierte en un niño activo resuelto a comunicar a todo el mundo lo que está haciendo a cada momento, bueno, entonces esos ojos se apartan con mayor rapidez e intensidad, a veces con el ceño fruncido.

En Mongolia, dar el pecho en público, en lugar de relegarme a la sección de “sólo mamás”, me puso decididamente en el centro de atención. Su práctica universal de dar pecho en cualquier momento y lugar, así como la cercanía en la que la mayoría de los mongoles vive, implica que todos están acostumbrados a ver un pecho en acción. Les alegraba ver que hacía las cosas a su manera (que por supuesto era la manera correcta).

Cuando daba pecho en el parque, las abuelas me brindaban sus historias sobre cómo habían alimentado a sus doce hijos. Cuando daba pecho en el asiento trasero de los taxis, los conductores levantaban sus pulgares por el retrovisor y me aseguraban que Calum se convertiría en un gran boxeador. Cuando paseaba por el mercado acunando a mi hijo en mis brazos mientras mamaba, los comerciantes me hacían un sitio en su puestos y le decían al niño que se lo bebiera todo. En lugar de mirar a otro lado, la gente se inclinaba sobre Calum y le besaba la mejilla. Si se soltaba de la teta en respuesta a la atención recibida, dejando mi pecho chorreando y completamente expuesto, no pasaba nada. Nadie se quedaba mirando, nadie apartaba la vista: simplemente se reían y se limpiaban la leche de la nariz.

Desde que Calum tenía cuatro meses hasta los tres años, allá donde fuera, oía una y otra vez lo mismo: “La teta es lo mejor para tu bebé, lo mejor para ti” La aprobación constante me hacía sentir que hacía algo importante que interesaba a todos; exactamente la clase de aprobación pública que *toda* madre reciente necesita.

Para cuando Calum cumplió los dos años, yo ya había descubierto lo útil que podía ser la lactancia materna. Nada hace que un niño se duerma más rápido, alivia el aburrimiento de un largo viaje en coche, o calma una tormenta que se cierne, tan rápidamente como una poca leche calentita de mamá. Es la ayuda más útil para la madre perezosa, y yo creía que le daba todos los usos, pero los mongoles lo llevaban más lejos.

Durante los inviernos mongoles, pasaba muchas tardes en en el yurt de mi amiga Tsetsgee, huyendo del frío glacial de fuera. Fue instructivo comparar nuestras técnicas de crianza. Cuando estallaba una pelea por los juguetes entre nuestros hijos de dos años, mi primera reacción era restablecer la paz distrayendo a Calum con otro juguete al tiempo que le explicaba los principios de compartir las cosas, pero esto llevaba tiempo y una media de éxito de tan sólo un cincuenta por ciento, En el restante cincuenta por ciento de veces, cuando Calum no quería dar su brazo a torcer y su frustración aumentaba hasta el punto de ebullición, lo cogía y le acunaba en brazos para amamantarle.

Tsetsgee tenía una táctica diferente. Al primer murmullo de discordia, se levantaba la camisa y empezaba a menear sus pechos con entusiasmo, diciendo: “¡Ven aquí, cariño, mira lo que tiene mami para ti!” Su hijo apartaba la vista de los juguetes para mirar las dianas de sus pechos y siempre se iba hacia ellos. ¿Media de éxito? Cien por cien.

Para no ser menos, adopté la misma estrategia. Allí estábamos, dos madres agitando los pechos como strippers compitiendo por atraer a un cliente. Si los abuelos estaban por allí, se unían a la representación. Los pobres críos no sabían a dónde mirar: la tranquilizadora plenitud de los pechos de sus madres, los mustios pechos planos de la abuela con su larga experiencia, o el extraño montón de carne que el abuelo se agarraba en su envidia de pechos. Por mucho que lo intente, no puedo imaginarme una escena similar en una reunión de la Liga de la Leche.

En mis clases prenatales en un pequeño pueblo de Canadá, donde nació Calum, nos mostraron la lactancia materna con un vídeo de una madre sueca de aspecto especialmente atlético, que daba pecho a su niño pequeño mientras esquiaba. La clase se estremeció: “Claro que es genial para los bebés, pero cuando ya empiezan a hablar y a andar…?” Todas parecían de acuerdo. Yo me callé.

Me tocó a mí sorprenderme cuando una de mis amigas mongoles me dijo que había tomado leche materna hasta los nueve años de edad. Me quedé tan boquiabierta y estupefacta que al principio me lo tomé a broma. Viendo ahora que mi hijo se destetó justo después de cumplir los cuatro años, me avergüenza un poco mi inflexible incredulidad. Aunque nueve años sea bastante edad para tomar el pecho, incluso para los mongoles, no está fuera del rango.

Aunque no siempre era fácil hablar sobre conceptos como “destete voluntario” con mongoles debido a la barrera idiomática, dar pecho “a largo plazo” parecía ser la norma. Nunca conocí a nadie que diera pecho a dos niños, lo cual me sorprendió, aunque debido a que los intervalos entre hijos son bastante largos, la mayoría de los niños dejaban de mamar entre los dos y los cuatro años.

Según UNICEF, en 2005 el 82 por ciento de los niños de Mongolia seguían con lactancia materna entre los 12 y los 15 meses y el 65 por ciento seguían entre los 20 y los 23 meses1. El último hijo parece que simplemente continúa, de ahí la niña de nueve años que tomaba pecho, y si la sabiduría popular no se equivoca, de ahí la fama de Mongolia en el boxeo.

Cuando a los tres años Calum seguía tomando pecho con el entusiasmo de un recién nacido y yo me preguntaba cómo surgiría el destete, sentí curiosidad sobre qué animaba a los niños mongoles a destetarse solos. Algunas madres me dijeron que su hijo simplemente perdió el interés. Otras dijeron que la presión de grupo tuvo que ver, (he oído a adolescentes mongoles burlarse de otros diciendo “¡Quieres los pechos de tu mami!” del mismo modo que se dice “¡Corre con tu mamá!”). Cada vez más a menudo, las obligaciones del trabajo obligan a destetar antes de lo habitual: los niños a menudo pasan el verano en el campo mientras que la madre se queda en la ciudad trabajando, y durante esta larga separación a la madre se le retira la leche.

Yurt o yurta, tienda de campaña utilizada por los pueblos nómadas de Asia centralMi amiga Buana, de veinte años, me contó su lactancia, digna de medalla de oro: “Me crié en un yurt lejos, en el campo. Mi madre siempre me decía que me la bebiera toda, que era buena para mí. Yo creía que todas los niños de nueve años lo hacían. Cuando fui al colegio, lo dejé.” Me miró con un brillo travieso en los ojos “ Pero aún me gusta beberla a veces”.

Destetarse me parecía un suceso bastante definido. Siempre esperé que, en algún momento, las tomas se reducirían y seguirían reduciéndose hasta que cesaran por completo. Se me retiraría la leche y ya está. Bar cerrado.

En Mongolia no sucede así. Hablando de lactancia con mi amiga Naraa, le pregunté cuándo su hija, entonces de seis años, se había destetado. “A los cuatro años” me contestó, “a mí me entristeció pero ella no quería tomar teta más”. Entonces Naraa me dijo que la semana anterior, cuando su hija había vuelto de una larga estancia en el campo con sus abuelos, quiso tomar teta. Naraa la complació “Me imagino que me había echado mucho de menos” explicó, “y fue bonito. Por supuesto, yo no tenía leche, pero no le importó”.

Pero si “destetar” significa no volver a beber leche materna, entonces los mongoles nunca se destetan del todo, y esto es lo que más me sorprendió de la lactancia en Mongolia. Si los pechos de una mujer están ingurgitados y su bebé no está cerca, irá sencillamente preguntando a sus familiares, de cualquier edad o sexo, si quieren beber. A menudo las mujeres se extraen una taza de leche para sus marido para darles un capricho, o dejan una poca en el frigorífico para que cualquiera pueda servirse.

Aunque todas hemos probado nuestra propia leche, le hemos dado a nuestras parejas para que la prueben, quizá hemos echado una poca al café en una emergencia ¿no?, no creo que que muchos de nosotras la hayamos bebido a menudo. Sin embargo a todo mongol al que he preguntado me ha dicho que le gusta le leche materna. El valor de la leche materna está tan reconocido, tan firmemente arraigado en su cultura, que no se considera como algo sólo para bebés. La leche materna se usa comúnmente de forma medicinal, se les da a los mayores como una cura para todo, se usa para tratar infecciones oculares así como (dicen) hacer más blanco el blanco de los ojos y más intenso el marrón del iris.

Pero sobre todo, creo que los mongoles beben leche materna porque les gusta el sabor. Una amiga mía occidental que se extraía leche en el trabajo y dejaba la botella en el frigorífico de la oficina se encontró un día la botella medio vacía. Ella se rió: “¡Sólo sospecharía de que mis compañeros se beban mi leche en Mongolia!”

Vivir en otra cultura siempre te obliga a re-evaluar la tuya. No sé cómo hubiera sido dar pecho a mi hijo en sus primeros años en Canadá. La avalancha de observaciones positivas que recibí en Mongolia, así como la aceptación sincera de dar el pecho en público simplemente me asombró, y me dio la libertad de criar a mi hijo de una manera que me parecía natural. Además de las pequeñas diferencias en nuestras costumbres de lactancia, los detalles de cuánto y cuándo, concluí que había una diferencia más grande en nuestros métodos de crianza.

En Norteamérica valoramos tanto la independencia que aparece en todo lo que hacemos. Sólo se habla de qué come tu bebé ahora, y a cuántas tomas has reducido. Incluso aunque no seas la que hace estas preguntas, es difícil escapar de su impacto. Además se venden tantas cosas para que tu hijo se entretenga solo y te necesite menos que el mensaje es claro. Sin embargo en Mongolia, la lactancia no se identifica con dependencia, y el destete no es una meta. Saben que sus hijos crecerán; de hecho, un niño mongol normal de cinco años es mucho más independiente que uno occidental. No hay prisa por destetar.

Probablemente lo más valioso de criar a mi hijo en Mongolia fue que me di cuenta de que hay un millón de maneras de hacer las cosas, y que yo podía elegir cualquiera de ellas. Durante la lactancia de mi hijo tuve varias dificultades, y tomé y deseché ideas y prácticas en mi intento de forjar mi propio estilo. Me alegro de haber amamantado a Calum tanto tiempo: fueron cuatro años al final. Creo que la lactancia fue lo mejor para mi hijo, y que tendrá una influencia duradera en su personalidad y en nuestra relación.

Y cuando gane la medalla de oro de boxeo en la Olimpiadas, espero que me lo agradezca.


1. UNICEF Childinfo, “Monitoring the Situation of Children and Women: Infant and Young Child Feeding (2000-2007)” (January 2009)

Ruth Kamnitzer vivió durante tres años en una tienda tradicional de tela en la campiña mongola mientras su marido, Steve, llevaba a cabo unos estudios sobre el gato de Pallas de Asia Central. Es licenciada en Conservación de la Biodiversidad y hoy en día vive en Bristol, Reino Unido, con Steve y Calum.

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El 90% de los medicamentos se puede tomar durante la lactancia

[ Vía: La Opinión de Zamora ]

Fotografía del doctor José María Paricio, pediatra del Hospital Marina Alta de Denia, Alicante, EspañaEl pediatra José María Paricio, uno de los médicos españoles que más ha investigado sobre la lactancia, estuvo en Zamora para hablar sobre el tema durante una conferencia organizada por la Asociación de Apoyo a la Lactancia Materna de Zamora «Apego Lácteo».

¿Que los niños que son amamantados sufran menos infecciones demuestra el poder inmunológico de la leche materna?
Efectivamente, la leche materna está llena de defensas, que no son más que los anticuerpos que fabrica la mujer de todas las enfermedades que ha padecido, y que les vienen muy bien a los niños que tienen todavía su sistema inmunológico inmaduro. La leche materna protege especialmente de las infecciones respiratorias y gastrointestinales que son, en un 90%, las que más afectan a los bebés en su primer año de vida.
¿La mortalidad es mayor en niños no amamantados?
Un niño alimentado con biberón tiene más riesgo de muerte que uno que es amamantado. Esto es difícil de probar en un país como España donde el índice de mortalidad infantil es de cinco por cada mil pero, por ejemplo, en África donde muere uno de cada diez niños sí se ha demostrado claramente que la leche materna previene la mortalidad.
¿A pesar de sus bondades se está perdiendo la cultura de la lactancia?
Así es. Los humanos hemos actuado muy mal al descuidar una cultura milenaria, que ha sido fundamental para la supervivencia de la especie, y que hemos dejado de lado por intereses espurios. La clase sanitaria tiene mucha parte de culpa porque en torno al 1900 creyó que eran mejores los sucedáneos de la leche que en ese entonces se estaban creando y los prefirió a la leche materna dando lugar a un verdadero desastre. Pero hoy sabemos que los niños que toman biberón están mas desprotegidos y enferman más que los que se amamantan.
¿Las asociaciones de mujeres, como es el caso de «Apego Lácteo» en Zamora, son las que están motivando un resurgimiento de la cultura de la lactancia?
Definitivamente. Creo que cuando la lactancia salga del entorno médico y vuelva a la sociedad, a través de estos grupos de apoyo mujeres, las cosas mejorarán. Porque en cien años hemos creado una serie de rutinas hospitalarias totalmente falsas, como que hay que mamar cada tres horas cuando desde siempre se ha sabido que hay que alimentar al niño cuando tiene hambre, que han contribuido a destruir la cultura de lactancia.
¿Han puesto las cosas más difíciles en lugar de facilitarlas?
Claro, porque hay mujeres que quieren amamantar pero les ponen tantas zancadillas diciéndoles cosas tan erróneas que al final acaban desistiendo. Y eso tiene que cambiar.
¿Uno de los mitos creados es que no se pueden tomar medicamentos si se está dando de lactar?
El noventa por ciento de los medicamentos se pueden tomar durante la lactancia y eso es algo que las madres desconocen porque hay tal desprecio hacia la lactancia que se aprovecha la más mínima excusa para quitarla. Se ha llegado a extremos como decirles a las mujeres que si están dando de lactar a sus bebés no pueden hacerse una depilación con láser . Por, ello, para luchar contra esta ignorancia, hemos creado la página www.e-lactancia.org donde las mujeres pueden consultar sus dudas.
¿Qué recomienda usted para fomentar la lactancia?
En el Hospital Marina Alta de Denia, donde trabajo, hemos conseguido un 85% de lactancia en la maternidad y lo hemos conseguido por no separar al recién nacido de su madre y tratando de interferir lo menos posible. Simplemente le decimos que cuando antes empiece a tomar pecho el crío mucho mejor. Además, promocionamos mucho los grupos de apoyo a la lactancia y al dar de alta a las madres las ponemos en contacto con otras mujeres que saben mucho de dar el pecho, mucho más que los propios médicos.
¿Hasta que edad es recomendable dar de mamar?
La Organización Mundial de la Ssalud recomienda la lactancia exclusiva hasta los seis meses. A partir de entonces se puede combinar la leche materna con los alimentos hasta los dos años o incluso hasta que la madre y el niño quieran.
¿Sin embargo las mujeres que trabajan sólo pueden dar de lactar mientras dura la baja por maternidad?
Lamentablemente es cierto que no tenemos leyes que favorezcan la cultura de lactancia. Deberían de apoyar más la lactancia materna, con mayor razón en una época de crisis como la que estamos viviendo, porque sería una buena inversión ya que se pierde mucho dinero con la lactancia artificial por las enfermedades que genera y porque hay que pagar esos botes de leche que son caros.

Testimonios/Entrevistas

Entrevista al Dr. Carlos González: "La lactancia es lo que manda"

[ Vía: La Verdad ]

El Dr. Carlos González, autor del best seller Bésame mucho. Cómo criar a los hijos con amor, y autor de otras obras como Mi niño no me come y Un regalo para toda la vida ofreció una conferencia sobre lactancia dentro de las III Jornadas de Lactancia Materna y Alimentación Complementaria de Albacete, organizadas por Lactaeduca.

¿Qué es lo que expuso en la conferencia?
En la conferencia se habló sobre cómo funciona la lactancia materna, es decir, explicarlo para que se entienda que el pecho no funciona con un horario rígido, ni cada tres horas, ni contando los minutos que está el niño; sino que funciona a demanda, cuando el bebé quiere, en el momento que quiere, el rato que quiere. Algunos necesitan mamar más, otros menos.
¿Ha escrito libros sobre el tema?
He escrito un libro sobre lactancia en general, otro sobre los niños que no comen y porque no comen haya que dejarlos en paz; y también sobre las necesidades afectivas que pueden tener los padres, como coger a sus hijos en brazos o dormir con ellos en la misma cama sin convertirse en ningún monstruo asesino.
¿Hay diferencias entre los padres primerizos y los que no lo son?
Los primerizos se preocupan por todo. Pero todo tiene sus ventajas e inconvenientes, porque si eres un hijo primerizo, pues tienes los padres para ti solo. No obstante, aquellos que son los segundos, tienen unos padres más experimentados, pero tienen menos tiempo para dedicárselo.
¿Cómo sabe una madre cuándo tiene que amamantar a su bebé?
No hay que seguir ningún horario, el reloj no ha de ser quién debe saber que tu hijo tiene hambre, el que lo sabe es tu hijo, y si tiene hambre, pues la tiene.
¿Qué diferencia hay entre las madres que dan el pecho y las que no?
Para la madre que quiere dar el pecho y lo hace es una gran satisfacción, puesto que es la sensación de que has conseguido algo. Es una realización personal. Hay gente que se siente realizada por subir a una montaña, pues esto, es mucho más importante en tu vida; y además es una comodidad muy grande. Es decir, que puedes subir también la montaña porque no necesitas agua, ni un aparato para calentar el agua y el polvo, y la medida para el polvo y demás. Eso permite a las madres una libertad y una movilidad, en cambio el biberón exige ciertas cosas.
¿Qué prefieren las madres?
La inmensa mayoría de las madres prefieren dar el pecho, aunque hay algunas que no lo quieren. Pero, según las zonas de España, son el 80% o el 90% que quieren dar el pecho, y la gran pena es que muchas no lo consiguen porque han tenido problemas, grietas, o por diversos motivos que no han encontrado a nadie que les pudiera ayudar.
¿Qué podría comentar de su experiencia en consulta?
Es una cosa curiosa como los padres primerizos cuando los ves los primeros días o las primeras semanas que vienen a la consulta con su niño, cuando les explicas que si el niño llora lo pueden coger en brazos siempre que quieran que no pasa nada, y que si por la noche no quiere dormir solo que se lo pueden meter en la cama; la inmensa mayoría de los padres y madres se quedan contentísimos. Es decir, te das cuenta hasta qué punto nuestra sociedad tiene unos prejuicios muy fuertes sobre estos asuntos.
¿A qué se refiere con prejuicios?
La palabra vicio, por ejemplo, ya sólo se usa para esas cosas. Nadie dice que fumar sea un vicio, y fumar es una enfermedad como es el tabaquismo; la palabra vicio se usa para decir que mi hijo se muerde las uñas o dormir en brazos. Parece que los niños son sólo aquellos que sufren de los vicios.
¿Cuál es su mejor consejo?
Supongo que lo de la lactancia es lo que manda, no hay que preocuparse por el reloj. Hay que ofrecerle el pecho cuando lo pida. Y si no se asegura de que lo está pidiendo la manera más fácil es ofrecerlo.

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Entrevista a Pat Shelly, directora del Centro de Lactancia Materna de Washington

[Via: Washington Examiner ]
Logo del Breastfeeding Center For Greater WashingtonPat Shelly es la fundadora y directora del Centro de Lactancia Materna de Washington, una clínica sin ánimo de lucro que ofrece asesoramiento, formación y ayuda.

¿Qué motivó la creación del Centro?
Comencé mi tarea de apoyo a la lactancia, a finales de los años 80, haciendo visitas a domicilio. Después de muchos años trabajando como enfermera, veía con frecuencia cómo las madres recientes se sentían inseguras y desinformadas en lo que respecta a la lactancia materna cuando dejaban el hospital.
¿Por qué es necesario un centro de lactancia materna? ¿No es la lactancia materna algo natural?
Sí, la lactancia materna es natural, igual que lo son la concepción, el embarazo y el proceso del parto. Pero aún así, algunas veces surgen complicaciones. Muchas de las madres que creen que dar el pecho es fácil, pueden verse sobrepasadas por los problemas más comunes. La mejor manera de evitar esta situación es disponer de formación previa al nacimiento y un correcto apoyo por parte de personal cualificado. El objetivo es reducir la ansiedad en ese momento tan emotivo que rodea a la llegada de un nuevo miembro a la familia.
¿Están las mujeres de ahora más preocupadas por la lactancia materna que una o dos generaciones atrás?
Es posible, pero también son más decididas. Cada día más mujeres saben apreciar los beneficios de la alimentación natural, y son más conscientes de alto grado de desinformación y confusión derivados de equiparar la lactancia materna con la lactancia artificial. Estamos volviendo a aprender la tradición perdida tras varias generaciones de lactancia artificial.
¿Están los hombres más sensibilizados de lo que solían estar?
En general, sí, ya que los padres se involucran mucho más en todo el proceso del nacimiento y eso les lleva de forma natural a apoyar más a la madre en la alimentación y crianza del bebé. La mujer que siente el apoyo y aprecio de su familia durante las primeras semanas, tiene más energía para establecer el vínculo del amamantamiento con su bebé.

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Dar el pecho hasta los 3, 4 ó 5 años. ¿Más común de lo que crees?

[ Vía: Blogher, por Amy Gates, traducido y adaptado por Antonio Ibarra ]

Cuando, hace cuatro años y medio, nació mi hija, no tenía planificado el tiempo que le daría el pecho, sólo sabía que empezaría a amamantar y luego ya veríamos. Y sucedió que, en nuestro caso, el "ya veríamos" se convirtió en que, a falta de un mes para cumplir cuatro años, mi hija todavía tomaba teta (aunque sólo una vez al día) y que, como pronto descubriría, nosotros no eramos los únicos a los que les había pasado eso.

Fotografía de una madre dando el pecho a una niña de unos tres añosNo me había propuesto amamantar a una niña tan mayor, pero en lo que ahora me parece un abrir y cerrar de ojos, mi preciosa bebecita se convirtió en una niña pequeña y finalmente floreció para convertirse en toda una niña de preescolar. Estoy segura de que esto no durará eternamente y espero que, al recordar estos momentos cuando ella tenga 10, 20 ó 30 años y observe la mujer en la que se habrá convertido, me sienta orgullosa de las decisiones que tomé y que no me arrepienta de ninguna de ellas.

Cuando hablé de esto en un artículo anterior, me sentía un poco sola y me preguntaba si habría otras madres que hubieran elegido (intencionadamente o no) prolongar la lactancia materna durante tanto tiempo. Pronto obtuve respuesta. Recibí 62 comentarios a aquel artículo. Sorprendentemente, ninguno de ellos fue negativo, varios los escribían mujeres que decían haber dado el pecho a niños mayores y en muchos se me agradecía el haber hablado de ello abiertamente.

Lisa dijo: "Me alegro mucho de que escribieras esto. He dado el pecho a mis hijos hasta que ellos decidieron parar, lo cual ha variado entre los 14 meses y los 4 años. Gracias por permitirnos 'salir del armario' ahora que sabemos que no estamos solas".

Melissa, por su parte, comentó: "Durante todo el tiempo que estuve amamantando a mis niñas hasta más allá de los 4 años siempre deseé poder compartirlo con alguien y que más madres estuvieran dispuestas a admitir que ellas también tuvieron una lactancia materna prolongada. Cuando eran mayores, mis niñas solo mamaban para dormir la siesta y para dormir por la noche, lo que quiere decir que tomaban el pecho una o dos veces al día. Por supuesto, ya se han destetado, pero no tengo ningún remordimiento y, si tengo más hijos, estoy convencida de que les daré el pecho tanto tiempo como pueda".

Liesl, una mamá que amamantó en tándem a su hijo de 4 años y medio y a su bebé, dijo: "A veces es demasiado dar el pecho a dos, pero por otro lado, cuando mama es una de las pocas ocasiones en las que el mayor está tranquilo durante un rato. Después de tomar el pecho, se sienta a mi lado y charlamos, y entonces es cuando descubro lo que realmente pasa por su mente. Y también pienso que así le es más fácil pasar a ser el hermano mayor. Amamantar a un niño de 4 años es muy diferente a amamantar a un bebé, y seguramente no coincida con todo el mundo, pero en global me alegro de haber llegado hasta ahí".

Nina comentaba: "A los que piensan que es 'malo' dar el pecho a un niño en edad preescolar es importante decirles que, en muchas otras partes del mundo, eso es bastante normal".

Heather, compartió una conversación con un antiguo jefe: "Hace unos años, mi antiguo jefe me contó una historia muy interesante. Él tenía unos 60 años por entonces, y se había críado en el campo. Cuando iba a la escuela, a la hora de comer, los niños "pequeños" de 6 ó 7 años se iban a casa a tomar el pecho. En aquellos tiempos no había mucha comida y las madres también lo usaban como un método anticonceptivo".

También lancé una encuesta informal en Twitter para ver si otras madres habían practicado una lactancia materna prolongada y me quedé sorprendida por el número de respuestas que recibí. Más de quince madres habían experimentado una lactancia prolongada. Cuatro años, tres años y medio, cinco años,... una madre había llegado a dar el pecho a su hijo hasta los 5 años y medio.

Aunque, como habrás podido comprobar, hay un buen número de madres e hijos que han disfrutado de una lactancia materna prolongada (y eso que no me he puesto a buscar en internet), habrá, indudablemente, quien siga pensando que esto es raro, de mal gusto, perjudicial o completamente erróneo. Si estás en este grupo, quizá te interese saber lo siguiente:

  • La Academia Americana de Pediatría dice: "Los pediatras y los padres deben saber que la lactancia materna exclusiva es suficiente para proporcionar un crecimiento y desarrollo óptimos durante aproximadamente los 6 primeros meses de vida y que proporciona una protección continua frente a diarreas e infecciones del tracto respiratorio. La lactancia materna debería prolongarse hasta, al menos, el año de vida y, después, hasta que la madre y el hijo deseen." Y sigue diciendo: "No hay un límite máximo para la duración de la lactancia materna y no existen evidencias de daño psicológico o del desarrollo debido a amamantar en el tercer año de vida o más allá". (AAP 2005)
  • La Organización Mundial de la Salud recomienda que "los niños deberían tomar exclusivamente leche materna durante los seis primeros meses de vida para lograr un crecimiento, desarrollo y salud óptimos. A partir de ahí, para satisfacer la evolución de sus necesidades nutricionales, los niños deberían recibir alimentación complementaria adecuada y segura a la par que continúa la lactancia materna hasta los dos o más años de edad.
  • La Academia Americana de Médicos de Familia recomienda que la lactancia materna continúe durante el primer año de vida que "la lactancia materna más allá del primer cumpleaños ofrece beneficios considerables tanto para la madre como para el niño, y debería continuar tanto tiempo como ambos deseen". También se asegura que "si se desteta a un niño antes de los dos años, aumenta el riesgo de enfermedad". (AAFP 2001)

Pero, aún hay más. En el libro de Katherine A. Dettwyler "Amamantamiento: Fotografía de la Dra. Kathy Dettwyler, antropóloga estadounidense defensora de la lactancia maternaperspectivas bioculturales", esta antropóloga reconocida internacionalmente que amamantó a su hija hasta los 4 años, compara varios primates, incluyendo a los seres humanos, para tratar de determinar cual sería la norma biológica en los humanos. La doctora Dettwyler halló que la edad natural de los humanos actuales según nuestro tamaño, desarrollo y esperanza de vida está entre los 2,5 y los 7 años. El hecho de que un niño de cuatro años todavía tome el pecho es perfectamente normal y natural.

Si eres una de las muchas madres que en estos momentos está amamantando a un niño mayor, es muy probable que tengas que enfrentarte a las críticas de los demás. Los consejos de La Liga de la Leche Internacional para manejar las críticas de familiares, amigos o extraños, pueden serte de utilidad:

Si recibes críticas, recuerda que puede deberse simplemente a una falta de información acerca de los beneficios de la lactancia materna prolongada o, quizás, a que se sientan culpables por sus decisiones como padres. En tales casos, puedes considerar respuestas como estas:

  • Ignorar: alejarte de la persona que te critica o cambiar de tema.
  • Informar: puedes compartir con la otra persona artículos, libros o recomendaciones de profesionales sanitarios sobre la lactancia materna prolongada.
  • Usar el sentido del humor: hacer una broma sobre la situación o sobre uno mismo (no sobre la otra persona) puede quitar hierro al asunto.
  • Escuchar: reconocer el punto de vista de la otra persona y hacer preguntas al respecto sin mostrar acuerdo ni desacuerdo.
  • Empatizar: mostrar empatía para demostrar que entiendes el parecer y los sentimientos de la otra persona.

El Dr. William Sears ofrece también algunos consejos para gestionar las críticas. Estas son algunas de las cosas que debes tener en mente:

  • La ciencia está de tu parte
  • La opinión mundial está de tu parte
  • Es mejor para tu salud
  • Es mejor para el comportamiento de tu hijo/a
  • Di que te lo ha recomendado el pediatra
  • Deja que tu hijo acalle las críticas

Aunque estoy segura de que mis familiares pensaban que mi hija iba a seguir mamando "toda la vida", no ocurrió así. Su última toma fue el 3 de octubre de 2008, cuando tenía 4 años, 3 meses y 11 días. Fue una decisión principalmente suya aunque yo también le animé un poco al final. Sentía que ella estaba preparada para el destete, pero que necesitaba un empujoncito (y yo sabía que yo estaba preparada). Fue una sensación agridulce, pero no hubo ningún problema. Espero poder escribir sobre esa experiencia antes de que se me olvide. Aún está por ver lo que decide hacer mi hijo pequeño. De momento, con 25 meses, sigue tomando mucha leche materna.

Más información: Lactancia prologanda, por Mónica Tesone.

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La lactancia materna ayuda a conciliar el sueño

[ Vía: Ideal ]

Foto de la psicóloga española Rosa JovéEn una entrevista concedida al Ideal, la psicóloga Rosa Jové menciona los beneficios que aporta la lactancia materna, tanto al bebé como a la madre, a la hora de dormir. Reproduzco aquí la entrevista completa porque el resto de asuntos abordados (sueño, colecho, educación, sociedad, intereses comerciales,...) también son muy interesantes:

-El sueño de los bebés y los niños es uno de los principales motivos de agobio para los padres. ¿Por qué?

-Debido al ritmo de vida que llevamos, en que casi no tenemos tiempo ni para momentos de ocio, el hecho de tener un bebé que nos altere el descanso es un motivo de agobio. El problema no es de los niños, sino de nuestra sociedad, que no cuida a los padres y les obliga a llevar a cabo su trabajo en lugar de propiciar que puedan -durante el tiempo que el bebé necesite- compaginar más libremente su vida laboral y familiar. Ya hay medidas legales en este sentido, pero hacen falta muchas más.

-¿Cree que el problema es que los padres tienen unas expectativas poco realistas sobre cómo duermen los niños pequeños?

-Sí, en muchos casos ese es el principal problema. Y ese problema está fundamentado en los intereses comerciales: si no te hacen creer que tienes un problema, no vas a comprar soluciones: libros, métodos, muñecos, etcétera Actualmente, una gran parte de la información que corre sobre el sueño no es cierta y por eso en mis charlas suelo dedicar un espacio a informar a los padres de qué pueden esperar en cada momento de sus hijos.

-En el libro 'Dormir sin lágrimas' sugiere que son los padres los que deben adaptarse al ritmo del bebé y no al contrario. ¿Qué ocurre si los dos padres trabajan fuera de casa? ¿Cómo 'sobrevivirán' hasta que el sueño de su niño sea 'normal'?

-A veces no nos planteamos que al tener un hijo nuestra vida puede cambiar: los padres deberían pensar que, si no tienen tiempo de sobra antes de tener un niño, mucho menos lo van a tener después. Por eso no estaría de más que antes de tener un bebé se buscaran soluciones laborables para que toda la familia pudiera estar atendida. No obstante, en nuestras charlas enseñamos a los padres trucos y soluciones para hacer más felices sus noches... y las de los niños.

-¿Cómo media, a qué edad aprenden los niños a dormir?

-Los niños ya nacen sabiendo dormir, lo que pasa es que no lo hacen ni en las horas que los padres quieren ni en periodos muy largos de tiempo, pero eso es una cosa que ya harán con el paso del tiempo por sí solos. Las últimas estadísticas hablan de que un 81% de los niños se despiertan por la noche al año de edad y un 54% todavía lo hace a los 2 años, mientras que a los 4 años la mayoría ya duermen de un tirón.

-¿En qué circunstancias se considera que hay un problema?

-Básicamente cuando hay un comportamiento 'extraño' por la noche -niños que no respiran bien, que hablan en sueños, sonámbulos, con pesadillas y terrores nocturnos-, junto con los niños que duermen muchas menos horas de lo habitual y aquellos que duermen demasiadas o que tienen ataques repentinos de sueño.

-¿Cómo influye la lactancia materna en el sueño?

-La lactancia materna ayuda tanto al niño como a la madre. Respecto al niño, la leche materna contiene L-triptófano, que ayuda a dormir más, y el pecho de mamá da la seguridad y el relax necesario para dormir. Por lo que respecta a la madre, la lactancia incrementa sus niveles de prolactina y le ayuda a conciliar el sueño con más facilidad que si alimentase a su hijo de forma artificial.

-Usted es partidaria del colecho. Sin embargo, algunos manuales y pediatras lo desaconsejan.

-El colecho es una practica habitual en nuestros días. Se supone que sobre un 80% de la población mundial de niños esta noche han dormido en compañía. Mucha gente piensa que eso sólo sucede en países tercermundistas, pero no es cierto: en Japón, Suecia, Noruega o Finlandia rayan el 90% de colecho. El que haya profesionales que lo desaconsejen es porque o están mal informados o tienen intereses en que se difunda lo contrario: un niño que duerme en compañía es un niño que duerme más, y por lo tanto sus padres no van a necesitar comprar nada para que duerma mejor.

-También critica duramente los métodos para enseñar a dormir a los niños. ¿Por qué?

-Porque provocan en los menores secuelas emocionales, como depresiones, ansiedad e hiperactividad, pero también alteraciones a nivel de neurotransmisores y alteraciones a niveles cerebrales: se ha comprobado que los niños expuestos a estos tratamientos tienen alteraciones en el hipocampo -es más reducido- y en el cuerpo calloso, que es la parte que une los dos hemisferios cerebrales.

-La educación de los niños muchas veces implica contrariarles. Si nuestro criterio se impone en otros ámbitos, como la alimentación o los juegos peligrosos, ¿por qué hay que respetar su voluntad en el tema del sueño?

-No es cierto que la forma de educar sea contrariando al menor, lo que pasa es que no tenemos una sociedad adaptada a los niños y hay situaciones peligrosas en que en lugar de reñirnos a nosotros por tenerlas reñimos a los niños por querer investigarlas: si mi hijo coge un cuchillo de la cocina la culpa es más mía por dejarlo a su vista que suya por querer cogerlo. No obstante, la contrariedad de un niño se supone que debe ser para cosas nocivas para él o para los que le rodean, no para algo tan inocuo como que elija la mejor forma para dormir. Los adultos lo hacemos cada noche. ¿Por qué a ellos les negamos ese derecho?

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La lactancia comienza antes de nacer

[ Vía: Ideal Granada ]

Foto de Michel Odent.Michel Odent fue uno de los primeros médicos preocupados por facilitar a las mujeres un parto respetado o natural: hace cerca de cuarenta años instaló en el hospital francés donde trabajaba paritorios con piscina. Odent sostiene que es preciso «deshumanizar el parto». No es una paradoja. ¿Qué mamífero, sino el ser humano, ha introducido prácticas que obstaculizan el hecho natural del nacimiento? Logo de Mamilactancia, grupo de apoyo a la lactancia materna de GranadaEl ambiente hostil, el rasurado, el enema, la oxitocina, la episiotomía y la cesárea son elementos habituales en nuestros hospitales, pero no recomendables en los partos normales -que son la mayoría-, según la Organización Mundial de la Salud. El doctor Odent, invitado por la asociación granadina Mamilactancia, impartió en el Hospital Virgen de las Nieves el curso 'La lactancia comienza antes de nacer'.

-¿Qué importancia tiene la forma de nacer en la vida de las personas?

-Esa es una pregunta nueva. Hace cincuenta años nadie se la hubiera hecho, porque entonces casi todo el mundo nacía igual: por vía vaginal. La cuestión se hacía más bien en términos de vida o muerte: sobrevives o no sobrevives. Hoy es diferente. Tenemos datos sólidos que sugieren que la forma en que nacemos tiene consecuencias a largo plazo. Uno de los objetivos de nuestro centro de investigación en Londres es recoger y reunir esas evidencias en una base de datos para que todo el mundo tenga acceso a ellas en la web. Cuando unes esos datos, puedes asegurar que la forma de nacer sí tiene consecuencias a largo plazo, particularmente en términos de sociabilidad, agresividad... O invirtiendo los términos, en capacidad de amar. En el periodo perinatal se detectan factores de riesgo de la delincuencia juvenil, el suicidio, la drogadicción, la anorexia, el autismo... Eso no significa que un individuo concreto sufra esos problemas a causa de su nacimiento; el ambiente y la cultura pueden compensarlo. En otros mamíferos es muy simple: si interfieres en el parto, la madre no acepta a su cría. Pero el ser humano es más complejo. Hacen falta grandes cifras para detectar diferencias estadísticamente significativas. Eso nos debe hacer preguntarnos: ¿qué pasará dentro de tres, cuatro o cinco generaciones si seguimos interfiriendo en el parto?

-¿Por qué considera incorrectas las prácticas obstétricas actuales?

-Como todos los mamíferos, los seres humanos cuando dan a luz liberan un cóctel de 'hormonas del amor'. Interferir en el proceso fisiológico del parto elimina el flujo de hormonas entre la madre y el bebé. La cuestión no es qué le pasará a ese bebé en particular, sino qué le pasará a la civilización si hacemos que las 'hormonas del amor' resulten inútiles.

-¿Qué relación hay entre la forma de nacer y la lactancia?

-En el actual contexto científico es imposible separar la fisiología del nacimiento y la fisiología de la lactancia. Es notorio que en los países donde rutinariamente se interfiere en el proceso del nacimiento, las tasas de lactancia no son buenas. Hay un vínculo.

-¿Qué se puede hacer para cambiar esta situación?

-Necesitamos nuevos criterios para evaluar las prácticas obstétricas. Hoy en día se usan criterios como la mortalidad y la morbilidad perinatal, la morbilidad maternal, el coste/efectividad... Pero si sólo usamos los viejos criterios del siglo XX, ¿por qué no hacer la cesárea a todas los mujeres? Porque de acuerdo con esos criterios, la cesárea es una operación muy segura... Así que necesitamos otros criterios, y uno de ellos puede ser la calidad y duración de la lactancia materna. En los países donde la tasa de cesáreas es muy alta, están obligados a mantener campañas intensivas para fomentar la lactancia materna, y a pesar de todo las cifras de lactancia no son buenas. Es el caso de las grandes ciudades en Brasil, China y Latinoamérica, donde la tasa de cesáreas es superior al 50%.

-Usted lleva cuarenta años promoviendo el parto natural. ¿Ha mejorado la situación en su país?

-El efecto no se produce en un país en particular, porque este es un problema global. Yo hablo en muchos países del mundo: hoy estoy en España, la semana próxima voy a Brasil y la siguiente, a Estados Unidos. En todas partes hay un pequeño núcleo de personas que piensan en estos temas. Y ese núcleo de gente está creciendo. Mire esa sala: han tenido que rechazar solicitudes...